Para no llamarte me muerdo los labios, aprieto los puños. Trato de olvidarme de tu nombre porque tengo miedo de gritarlo en sueños, y que el aire lo lleve a tus oídos y vos, al escucharlo, te sonrías pensando que aún te quiero. No debés saberlo. Tenés que creer que ya te he alejado de mis sentimientos, que ya no ocupás ningún lugar en mí, que no fuiste más importante de lo que yo fui para vos.